Miquel Wert

Entrevistas 12+1

INTRODUCCIÓN – COMIENZOS

Cómo, cuándo y porqué empiezas a pintar. Nombre artístico y razón

Mi nombre es Miquel Wert, pintor/muralista nacido en la Barcelona del 82. De padre aragonés y madre sueca. Mis primeros recuerdos van ligados a un lápiz, ese fue mi principal pasatiempo. Mi padre era un buen dibujante, aunque profesionalmente se decantó más hacia su vertiente técnica, trabajando como delineante-proyectista. Desde bien pequeño empecé a copiar los dibujos que me hacía. Solían ser personajes de películas de los 80 que me apasionaban. Recuerdo que estaba tan orgulloso que hacía fotocopias para compartirlo con mis amigos de escuela. Por otra parte, mi madre solía llevarme a museos e incluso hicimos algunos viajes con ese fin. Unos años más tarde, en 1993, recuerdo ver un reportaje sobre graffiti en el programa de TVE2 “Línea 900” que despertó mi fascinación por el movimiento. Desde ese momento empecé a llenar libretas y cuadernos obsesionado por formas caligráficas y junto con algún amigo de escuela me lancé a realizar mis primeros y tímidos tags. Más adelante, allá por el 97 empecé a pintar mis primeras piezas muy inspirado por el cómic y el graffiti americano. Aunque desde el principio lo que más llamó mi atención es la figura: mis referentes más cercanos eran Sendys, Poseydon, Rostro… Más adelante Skum, Done, Mr. Kern… Es lo que veía en las calles de Barcelona y Mollet (dónde viví de manera esporádica).

¿Se puede vivir del arte?

Sí se puede, pero el compromiso con la profesión y el estilo de vida que conlleva es algo que poca gente acaba soportando, sobre todo porque hay que aprender a renunciar a algunas cosas. Debo decir que vivir del arte en nuestro país es realmente complejo y la precariedad en la que se mueve el sector da un poco de lástima. Es por ese motivo que muchas galerías y artistas tienen que poner el foco de atención fuera de nuestras fronteras: afortunadamente tengo la suerte de mostrar mi obra en otros países donde aficionados y coleccionistas me apoyan de manera más activa.

¿Cómo llega uno a vivir de su obra artística?

Mucho empeño, tozudez, constancia y trabajo… (No especialmente por ese orden).
Altas dosis de locura y pasión ayudan.

¿Qué es lo malo y lo bueno de que se convierta en tu modo de vida?

El aspecto positivo es la satisfacción que produce poder vivir de tus propias creaciones. La libertad que se siente al poder conducir y construir tu carrera día a día. Un aspecto negativo sería el hecho de que no siempre es fácil hacer entender al entorno personal y familia, el grado de riesgo e inestabilidad que conlleva la pintura. Pero un proyecto lleva a otro, lo importante es mantenerse activo y no encallarse creativamente (ese es quizás uno de los principales escollos).

OBRA Y PROCESO CREATIVO:

¿Cómo definirías tu obra? Significado e intenciones (temáticas, estilo, iconos e imágenes habituales, técnica, materiales, influencias…?

Desde hace más de diez años, mi trabajo aborda la teatralidad de la vida cotidiana y cuestiona la representación del subconsciente colectivo, intentando alejarse del aspecto puramente nostálgico. En la puesta en escena de estas imágenes (comunes e intemporales) trato de reconstruir un pasado reciente que poco a poco va desvaneciéndose de nuestra memoria, enlazando cuestiones genealógicas personales con una experiencia colectiva compartida. El encuadre es tratado como una escenografía, poblada de actores anónimos que interpretan frente a las cortinas de un teatro imaginario. A menudo, estos actores provienen de documentos que he heredado o son fruto de una ardua selección en diversos archivos. Con estas obras quiero poner de relieve la complejidad de nuestros orígenes, concentrándome en el misterio de las cosas sencillas.
Los materiales que suelo usar en taller, son materiales que me permiten un ataque directo y gráfico a la tela o la madera. Al principio mi paleta era un poco más amplia, trabajaba con óleo y acrílico. Pero soy uno de esos pintores a los que no les gusta demasiado “la cocina de la pintura”, aunque la admiro en otros. Suelo tener prisa por ver resultados, por contar historias, por ese motivo necesitaba un medio rápido, un sustituto que evitara perderme en procedimientos pictóricos. Esa es la razón por la que empecé a reducir poco a poco mi material, llegando casi a la más mínima expresión: un trozo de madera quemada (el carboncillo) y utilizando el propio blanco del lienzo. En cuanto al espacio urbano, suelo usar pinturas plásticas, acrílicos, brochas y rodillos… nada fuera de lo común.

También debo decir que un ligero problema de visión (deuteranomalía) influye en mi predilección por las gamas monocromáticas. De todos modos muchas veces me siento como un escritor, que sólo requiere tinta negra sobre papel blanco. Así que tampoco siento ir a remolque de estas particularidades visuales.

En cuanto a las influencias, la verdad es que son muy vastas, durante mis años de formación frecuenté mucho los museos, una costumbre que nunca perdí, pero sobre todo me formé a partir de lecturas en la biblioteca y de incontables sesiones en la antigua Filmoteca de Catalunya. Durante mucho tiempo consideré la fotografía y el cine como mis principales fuentes de inspiración. A nivel cinematográfico, me dejaron una huella imborrable las obras de: Andrei Tarkovski, Carl T. Dreyer, Ingmar Bergman, Víctor Erice, Luis Buñuel, Robert Bresson, Roy Andersson, Chris Marker, David Lynch, Matthias Müller, Bill Morrisson, José Luis Guerin, las películas a base de “found footage”, y la animación experimental…

En fotografía me interesan mucho los autores que incluyen la narratividad en su propuesta, como por ejemplo: Duane Michals, Henri Cartier-Bresson, Sergio Larraín y toda la fotografía vernacular. En 2007 descubrí la obra de Miroslav Tichý durante un viaje a la República Checa, y fue un auténtico shock, porque aunque se trataba de otra disciplina, era capaz de mostrar el mundo como muchas veces yo había querido hacer.

Por citar también algunos pintores que han sido muy importantes para mí: Andrew Wyeth, Vilhelm Hammershoi, R. B.Kitaj, Edgar Degas, Pierre Bonnard, Richard Diebenkorn, Francis Bacon, Euan Uglow, Antonio López, Xavier Valls, David Hockney, Gerhard Richter, Giorgio Morandi, Balthus, Michaël Borremans, Edward Hopper, Pat Andrea.Y por supuesto también hay algunos escultores que me fascinan como George Segal, Medardo Rosso, Alberto Giacometti, Germaine Richier, Nathan Oliveira.

Evolución. Cuéntanos cómo ha ido evolucionando tu trabajo hasta llegar a lo que haces ahora.

Mi actual línea de trabajo la empiezo a desarrollar tras mi paso por la Escuela de Arte y Diseño Llotja y posteriormente por la Facultad de Bellas Artes de Barcelona. En 2002 empecé a encerrarme en el taller y poco a poco mi actividad se fue desvinculando del graffiti más convencional. Priorizando lo que mis impulsos me pedían en ese momento.

Recuerdo que casi por azar empecé a trabajar con imágenes de archivo. En primer lugar, partiendo de anuncios encontrados en revistas españolas de los años 50, que me permitían trabajar alrededor del concepto de falsa sonrisa y la imagen idílica que la publicidad nos impone. Ahora que lo pienso, la premisa era bastante “pop”, cercana a Larry Rivers o al Segal más pictórico. En esa época estaba realmente influenciado por David Lynch, y recuerdo investigar muy a fondo sobre el concepto de “lo siniestro” a través del texto de Freud “Das Unheimlich” y también del último libro de Roland Barthes “La chambre claire” que marcarían determinantemente mi enfoque.

Después de un año de trabajar con fuentes publicitarias encontradas, me di cuenta que mi verdadera obsesión no era sólo la sonrisa, sino la teatralidad que conlleva, la puesta en escena que reproducimos por el simple hecho de tener una cámara frente a nosotros (incluso en el ámbito familiar). Nuestro afán por querer conservar el rostro más amable para la posteridad. Esa es la razón por la que trabajo con imágenes que datan ya de varias décadas, puesto que entonces la importancia de cada toma hacía que la foto fuera un acto único. Como resultado, los “actores/temas fotografiados” eran más conscientes de la cámara y su puesta en escena era aún más evidente. Con el advenimiento de la fotografía digital, esto entra en otra dimensión… El ritual se banaliza.

Alrededor de 2003 fui dejando de usar la foto publicitaria y me decanté por la imprevisibilidad de la fotografía familiar (realizada sin pretensiones artísticas). Todo esto tiene una fuerte conexión con la fascinación que siempre he sentido por los álbumes de fotos y las películas en Super-8, especialmente debido a la herencia de muchos documentos de mi familia sueca. Desde mi niñez me han fascinado estas imágenes de personas cercanas pero que apenas había conocido personalmente. Imagino que desde entonces algo se activó en mí al tener que reconstruir una rama entera de mi árbol genealógico a través de archivos y fotogramas en movimiento. De algún modo estaba ya creando mis propias películas.

A partir de 2009, recuperé tímidamente pero de una manera más madura y personal la actividad en las calles, ya que echaba en falta el contacto con el peatón y descubrí que era un marco realmente interesante para situar mis imágenes anónimas y atemporales.

Háblanos de cómo es tu proceso creativo.

Mi idea no es hacer retratos de personas concretas, sino trabajar sobre la esencia de un momento, una atmósfera, una acción que pueda ser encarnada por sujetos intercambiables. Para mí es una forma de llegar a lo esencial. Tal como hacía la “commedia dell’arte” con sus personajes arquetípicos. Esto es lo que hace que mi obra llegue a los espectadores. Pueden sentir estas imágenes y situaciones como propias. Mi punto de partida es casi siempre una o más fotos encontradas, e incluso “frames” de películas amateur que organizo y mezclo a mi gusto. Creo que el uso contemporáneo de evidencias y rastros documentales, brinda una nueva dimensión y vida a la imagen. Me gusta interpretarlo como un regalo… y, de este mismo modo, compartirlo con el espectador.

Buscar estas imágenes es parte de mi trabajo. De hecho, a veces es casi más gratificante que hacer la pintura. Durante mucho tiempo trabajé con mis propios álbumes familiares pero llegó un momento en el que este material comenzó a perder frescura, y moralmente era complicado exponer y vender cuadros donde —a pesar de no tratarse de retratos— para mí no dejaban de ser personajes muy cercanos. Todo el proceso se había vuelto un poco extraño. Llegado ese punto, quise recuperar la mirada limpia y el momento mágico que supone el descubrimiento. Me puse pues a buscar en mercadillos, rastros y también en algunos archivos privados, donde consigo mis imágenes. Casi nunca hago uso de Internet porque me gusta tener la exclusividad de la imagen.

Actualmente dispongo de unos cuantos miles de fotos clasificadas por los temas más variopintos. Tampoco hay que creer que todas las fotos que adquiero terminan siendo el origen de una obra. Hay algunas joyas que las conservo tal cual, por puro placer, a veces las enmarco, otras veces me acompañan en casa o en mi taller. Es complejo, funciono por flechazos, pero todas las fotos que uso comparten un cierto halo de misterio.

¿Tus intervenciones urbanas son espontáneas o sueles prepararlas previamente? 

Casi siempre son preparadas. Me gusta conocer el espacio previamente, o trabajar a partir de fotografías del lugar (si se trata de localizaciones a las que no puedo desplazarme hasta el momento de la intervención). La experiencia me ha demostrado que la obra se desarrolla de manera mucho más fluida trayendo los deberes hechos. Pero la calle es la calle y siempre hay elementos que están fuera de nuestro control, eso es lo que convierte el proceso en algo fresco e interesante.

¿Cómo sueles pintar? ¿Sólo o con otros artistas? ¿Colaboraciones? ¿Cómo te gusta más trabajar?

Suelo trabajar sólo, por el hecho de poder controlar todas las fases del proceso, aunque también disfruto mucho al pintar cerca de otros artistas que estén trabajando en sus propias obras. Poder comentar la jugada recíprocamente, desde la sinceridad que aporta el hecho de compartir profesión y una cierta mirada. Eso no quita que de vez en cuando, casi como un reto o juego, me guste colaborar con algún otro artista (lo encuentro sano y muy enriquecedor).

¿Con qué te encuentras más cómodo? ¿Dentro- cuadros – exposiciones o fuera – muros – arte urbano? ¿Cuáles son las principales ventajas y/o dificultades (diferencias) de trabajar en la calle o para una exposición en una galería?

Siendo sincero dónde más disfruto es en la calle, a pesar de algunas de sus incomodidades. Es allí dónde siento el verdadero aspecto lúcido de la pintura. Evidentemente el taller es un espacio en el que me siento a gusto, pero es ese mismo control de la situación el que a veces puede resultar paralizante. La calle es un estímulo constante, el contacto con el espectador me motiva y también alimenta mi pintura. El hecho de desnudar tu proceso a ojos de todo el mundo añade un elemento de tensión o adrenalina que engancha.

¿Qué te aporta realizar tu obra en la calle? ¿Qué crees que aporta a la ciudad? ¿Y a los ciudadanos?

Lo más valioso es el diálogo que genera mi trabajo con espectadores que normalmente no irían a ver una de mis exposiciones. La posibilidad de llegar a tanta gente y el hecho de introducir elementos de mi imaginario pictórico en un entorno urbano me parece una experiencia muy enriquecedora (tanto a nivel humano como profesional). Lo que pretendo con mis murales es dar pie a una relectura tanto del espacio en el que se presenta, como del motivo de mi obra ligada a la experiencia personal (y lectura) de cada espectador. Considero que puesto que mi trabajo parte de ese teatro de la cotidianidad, encuentra en los muros de la ciudad un soporte idóneo.

¿Qué parte de tu trabajo muralistico te ayuda a la hora de encontrar galerías donde exponer? ¿Es un punto a favor o en contra en estos momentos?

Al contrario que algunos compañeros y compañeras que quizás sí haya sido a través de los murales por los que han empezado a colaborar con galerías, en mi caso fue un poco a la inversa. Pese a haber empezado en el graffiti hace muchos años, no dí el salto a galería a través de esa línea de trabajo, quizás porque desde que tengo unos 20 años me decanté por desarrollar un itinerario más tradicional de taller y en consecuencia mis primeras exposiciones fueran vinculadas a mis obras de estudio y no a mis intervenciones murales. En cualquier caso el hecho de pintar en la calle no veo que pueda jugar en mi contra en la relación con las galerías. Son mundos ajenos que en ocasiones confluyen.

Proyectos y Futuro.
Para este 2018 tengo ya algunas exposiciones previstas, tanto individuales como colectivas y presencia en ferias de arte internacionales. También algunos murales empiezan a confirmarse. Espero poder seguir pintando a buen ritmo, emprender nuevas aventuras y viajar sin perder demasiado el equilibrio entre pintura y vida personal.

¿Qué opinas de proyectos como el 12+1? ¿Qué opinas sobre la temporalidad de los murales? ¿Deben ser los murales permanentes (y conservados) en las ciudades?

Son proyectos necesarios, tanto por el mimo con el que se hace el comisariado y su selección de artistas, como por el impacto que tiene en el tejido social del lugar. El acercamiento de propuestas artísticas rotativas hacia un público amplio y heterogéneo, es un pulmón revitalizante para la urbe.

Los murales, como cualquier pieza artística, tienen una vida limitada (por mucho que nos empeñemos en conservarlas). Así que desde un principio acepto que mi obra tenga fecha de caducidad. Entiendo que cuando se trata de encargos u otras colaboraciones para instituciones o privados las obras se quieran mantener y preservar. Personalmente dado que mi trabajo ya juega con el factor de la memoria y una cierta decadencia estética, no me importa mucho que puedan sufrir las inclemencias del tiempo o agentes externos. Aunque debo admitir que a veces sabe mal cuando una pieza tiene una muy corta existencia.

Proyectos artísticos más importantes o que recuerdes especialmente/con más cariño. 

Recuerdo con ilusión el año 2005, año de mi primera venta importante y también año de mis primeras exposiciones, entre ellas mi individual en la “Sala d’Art Jove” de la Generalitat. También recuerdo con cariño el año 2012, año de mi primera exposición individual en París y de la edición de mi primer catálogo en la República Checa. Y ya más recientemente, en 2016, la sorpresa y posterior satisfacción tras recibir el “1er Premio Internacional de Dibujo Ynglada-Guillot”… Han sido muchas exposiciones, murales y experiencias positivas en estos últimos años, es difícil destacar sólo algunos.

¿Alguna aventura o anécdota destacada pintando que nos puedas contar?

Aventuras muchas, sobre todo de la época en la que pinté con asiduidad fuera del marco de la legalidad, prefiero no dar detalles pero entre ellas encontraríamos alguna fuga en el subsuelo, largas noches caminando entre vías y esperando el “instante decisivo” y algún que otro disgusto con la justicia (para que engañarnos).
CULTURA STREETART & GRAFFITI:

¿Qué opinas sobre la utilización del término “street art”, “postgraffiti” o “muralismo contemporáneo” para englobar un movimiento tan variado? ¿Cómo te defines?

Muralista no me parece mal término para definir una parte de mi producción. Las etiquetas de posibles movimientos (si es que pueden considerarse como tal) ya serán otros los encargados de ponerlas.

Fotografía digital, internet y redes sociales. ¿Es bueno y ayuda o no?

Por supuesto que ayuda, en cualquier caso es lo que más adelante permanece y nos acompaña, dado el componente efímero que tienen la mayoría de nuestras obras en el espacio público. Personalmente intento ser riguroso y guardar un buen archivo de todas mis realizaciones. También es una buena herramienta para mostrar el trabajo a aquellos que no pueden verlo in situ.

Respecto a las redes sociales, son útiles, pero no hay que volverse loco u obsesionarse con reacciones e impacto. Gestionar la vertiente pública del trabajo es casi inevitable si uno quiere vivir de ello, desgraciadamente suele tomar más tiempo del que desearía.